SOY LA NUEVA AUTORA, DUEÑA, PROTAGONISTA Y RESPONSABLE DE ESTE SITIO. El asunto es sencillo: Quedamos en un bar, bajamos al baño, me quitas tú mismo las braguitas con tus manos y te las llevas, sin trucos, ni trampas ni envios que tardan o no llegan nunca. Te atreves a esta morbosa experiencia? SOLO MADRID CAPITAL
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sábado, 13 de abril de 2013

La Primera Venta de NenaStefany

Recién llegada al mundo fetichista pero mas lanzada, sexy y atrevida que ninguna que haya conocido, ésta Madrileña no se corta a la hora de entregar las braguitas en tus manos y es mas, te pide que se las quites tú mismo en un centro comercial o los baños de un bar, Reproduzco a continuación su primer relato, que no os dejará indiferentes
Como sabéis he decidido complacer a los fetichistas amantes de la lencería femenina, y entregarles en su mano mis braguitas, las cuales me las he quitado hace un minuto en el baño del café en que hemos quedado. Mi primer Cliente, Carlos (que así lo llamaremos para mantener su anonimato) me llamó aquel día al principio un tanto incrédulo y otro tanto tímido, como no creyéndose que aquello podía suceder en realidad o que sería presa de algún timo, como los hay por ahí en páginas de la temática fetichista que son un engaño. Habíamos pactado la braguita que previamente había escogido del catálogo, era un tanguita de color naranja y leopardo, de esos que se usaban antes como distintivo de "Mujer Fatal" (jeje) y la hora y el lugar que lo había escogido yo en la madrileña y céntrica calle de Gran Vía a las 18.15. Muchísimo antes ya me las había puesto para que la prenda vaya tomando mi olor personal, propio de la zona íntima que no debe haber tardado mucho porque la mezcla de sentimientos y el morbo que me producía habían logrado humedecerla bien, de echo era la primera vez que hacía algo parecido. Al bajar del metro, le hice una llamada pérdida a lo que él respondió de inmediato y me dijo: que estaba ya fuera, esperándome, me dijo su nombre y al salir lo tuve que ir diciendo tímidamente, entre todos los que esperan fuera del metro, porque todos sabemos que ahi, siempre hay gente esperando a otra gente, como adivinando entre los rostros desconocidos uno que encaje con el nombre que me había dicho. Al final obtuve una respuesta y nos dirigimos hacia un café, el más cercano donde yo me pedí una infusión y el una caña de cerveza (para aliviar las tensiones). Empezamos la típica charla del tiempo que hace, de las profesiones, Etc. mientras le daba pequeños sorbos a mi infusión, procedí a enseñarle muy lentamente pero de manera sensual pero sumamente discreta el tanguita que él había escogido y que para aquel entonces ya debía tener hasta mi adn (jeje) y me dispuse a ir al baño para quitármela pero él timidamente me detuvo para decirme que me limpiara con la prenda mi zona genital para que así se empapara aún mas con mis fluidos, a lo que accedí gustosa y así lo hice. 
Al volver ya tenía yo en mis manos su tanga porque previamente ya me había abonado el importe acordado y ya le pertenecía, pero me dijo: que se la entregara fuera, en la calle, para evitar alguna mirada indiscreta. Al salir nos dirigimos de nuevo a la boca de metro donde con mucho disimulo se la entregué en sus manos, y aún conservaba mi calor corporal. Antes de despedirse, me brindó un cigarrillo y desapareció entre los viajeros como uno mas, pero no era uno mas, pues pocos o ninguno habían vivido una experiencia de esa naturaleza. 
Yo caminaba, calle abajo, sin ropa interior y con una expresión de asombro, mezcla de morbo y travesura a la espera del siguiente comprador.
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